NUESTRA HISTORIA
La Semilla
Todo comenzó con mi madre, Doña Carmen. Ella era una cocinera excepcional, con manos mágicas para los sabores arequipeños. En nuestra casa, la cocina siempre fue el corazón, llena de aromas de rocoto, cebolla, y hierbas frescas. Los vecinos venían a probar sus guisos, y siempre decían que algún día deberíamos abrir un restaurante.
El Primer Sueño
Recuerdo la primera vez que alquilamos un pequeño local cerca al mercado San Camilo. Era un espacio sencillo, con mesas de madera y sillas rústicas. Mi esposa, Elena, se encargó de la decoración, dándole un toque hogareño con manteles de tela y flores frescas en las mesas. Yo mismo ayudé a pintar las paredes de un color crema cálido. No tengo fotos físicas de ese entonces, ¡eran otros tiempos!, pero en mi mente veo claramente la fachada con un letrero pintado a mano: “La Rinconada de Carmen”.
Los Primeros Pasos
Los primeros días fueron lentos, pero poco a poco la voz se corrió. La gente venía buscando el sabor auténtico de la comida de mi madre. Su rocoto relleno era legendario, y el adobo de los domingos atraía a familias enteras. Yo me encargaba de atender a los clientes, Elena de la caja y algunos ayudantes en la cocina.
Crecimiento y Tradición
Con el tiempo, la demanda creció y pudimos abrir un segundo local, un poco más grande, en la calle Jerusalén. Este ya tenía un estilo más definido, con detalles en sillar y arcos que recordaban las casonas antiguas de Arequipa. Para entonces, nuestros hijos también se involucraron en el negocio, aportando nuevas ideas pero siempre respetando las recetas originales de mi madre. Tengo en la memoria el día de la inauguración, con música tradicional en vivo y muchos amigos y familiares celebrando.
El Tercer Rincón
El tercer restaurante, el más reciente, lo abrimos en la Av. Ejército. Queríamos llegar a un público más amplio sin perder nuestra esencia. Este local tiene un diseño que fusiona lo tradicional con toques modernos, pero siempre manteniendo la calidez y el ambiente familiar que nos caracteriza. Recuerdo la búsqueda de cada detalle de la decoración, queriendo que cada rincón contara nuestra historia.
Doña Carmen (La Matriarca)
Mi madre, Doña Carmen, fue el alma de todo esto. Aunque ya no está físicamente con nosotros, su espíritu vive en cada plato que servimos. Conservamos celosamente sus recetas y las transmitimos de generación en generación. Ella siempre decía que el secreto estaba en el amor y la dedicación que se ponía en la cocina. Tengo grabada su imagen en la cocina, con su sonrisa y su sazón inigualable.

